Fabrizio Aciares
AIMA habita un edificio patrimonial de dos pisos, concebido originalmente por el arquitecto Pedro Kovacic y reinterpretado por Pablo Larroulet junto al magallánico Juan Pablo Violic, donde la arquitectura amplifica la experiencia. Cada espacio está pensado para conectar con el territorio, desde un salón privado para encuentros íntimos hasta detalles sensoriales como nuestros baños, donde suenan ballenas magallánicas grabadas en libertad. Nuestra cocina nace desde una convicción radical: producto fresco, sin atajos ni químicos, seleccionado con rigor desde distintos puntos de Chile y especialmente desde la Patagonia.
Tenemos el alma en Chile y el corazón en la Patagonia, y desde ahí construimos una propuesta donde el fuego es lenguaje, el origen es estructura y cada plato responde a un ecosistema. Los bagualitos nuestro gesto inicial son la parte más libre y juguetona de nuestra cocina: pequeños relatos comestibles que condensan territorio, técnica y emoción, preparando al comensal para una experiencia que busca precisión y profundidad
