Miguel Peiró explora la fusión entre el arte y la ciencia en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

 

El doctor en física de partículas y cosmología, y fundador y director de la Academia de Arte y Ciencia, está transformando la perspectiva sobre cómo las personas se relacionan con la ciencia a través de su programa "Hablemos de ciencia" en el Museo Thyssen. En el siguiente artículo, explica cómo esta dualidad permite entender el mundo en toda su fascinante complejidad y por qué ser guía en los recorridos del museo ha sido una de las experiencias más significativas de su carrera hasta la fecha.

Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

Un museo como el Thyssen podría parecer un lugar extraño para hablar de ciencia. Sin embargo, desde la Antigüedad, el arte y la ciencia han caminado juntos como parte de un mismo conocimiento, entrelazados en su búsqueda común de belleza y verdad. Fue tras aquella separación forzada del siglo XVII, cuando Naturaleza y Cultura tomaron caminos distintos y los saberes ilustrados quedaron ordenados en compartimentos estancos, ambos mundos comenzaron a distanciarse. Hoy, pese a la especialización cada vez más acusada, científicos y artistas vuelven a reconocerse mutuamente en la inspiración que comparten. Más aún, colaboran con frecuencia en proyectos donde la imaginación y la técnica se unen para explorar las grandes incógnitas del presente y enfrentar juntos grandes desafíos.

 

En esta misma línea, el espacio abierto por el museo bajo el evocador título de "Hablemos de ciencia" busca reivindicar los antiguos orígenes de la institución museística como museion, es decir, como templo dedicado a las Musas, donde científicos y poetas convivían, creaban y se inspiraban mutuamente. Así, el Thyssen recupera su esencia original, reuniendo bajo un mismo techo conocimiento y emoción, lógica y sensibilidad, razón e inspiración, para recordar que ciencia y arte, aunque distintas en su lenguaje, persiguen siempre un mismo objetivo: entender el mundo en toda su fascinante complejidad.

 

 

One of the exhibition rooms with paintings on display at the Thyssen-Bornemisza museum in Madrid, Spain.

 

 

Acerca del autor 

 

Miguel Peiró es director y fundador de La Academia Arte y Ciencia, lleva más 7 años acercando la ciencia a todos los públicos y buscando las conexiones con otras disciplinas como el arte o la filosofía. Miguel es Doctor en física de partículas y cosmología, y experto en comunicación pública y divulgación de la ciencia por la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). Además, Miguel realiza coordina y realiza las visitas guiadas del programa Hablemos de Ciencia en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza desde hace más de dos años.

 

 

Miguel Peiró standing next to a painting at the Thyssen-Bornemisza museum in Madrid, Spain.

 

 

¿Qué significa para ti trabajar en la organización de las visitas guiadas de arte y ciencia? 

 

Sin duda, se trata de una oportunidad única y a la vez de un reto extraordinario. Realizar actividades como estas visitas guiadas, que conectan el arte y la ciencia para ofrecer algo más que simples charlas divulgativas, es una iniciativa innovadora y sin precedentes. Llevarlo a cabo en un museo como el Thyssen implica una apuesta ambiciosa con un potencial enorme. Los temas abordados durante las visitas —como el origen del universo, la física cuántica o la teoría del caos— son complejos, abstractos y técnicamente exigentes, y precisamente por ello, integrarlos con el arte supuso para mí una magnífica ocasión para profundizar en grandes obras del museo. Poder contemplar durante horas cuadros de artistas como Klee, Magritte o Mondrian ha resultado ser una experiencia única y enriquecedora, que me ha permitido crecer notablemente, tanto a nivel personal como profesional.

 

Los cuadros del Thyssen se han convertido para mí en puentes hacia la comprensión de ideas que, a primera vista, pueden parecer lejanas o incomprensibles. El diálogo continuo entre ambas disciplinas amplía no solo nuestra percepción del arte y de la ciencia, sino que también despierta nuestro asombro, generando preguntas que nos invitan a explorar con más atención, e intención, el mundo que nos rodea. Esta experiencia interdisciplinar refuerza el papel del museo como un espacio vivo de conocimiento, creatividad y aprendizaje compartido.

 

¿Con qué dificultades te has enfrentado a la hora de realizar las visitas y como has conseguido superarlas?

 

La verdad es que desde el principio el museo se ha mostrado siempre muy dispuesto a colaborar y facilitar el desarrollo de estas actividades. En ese sentido, la única dificultad real con la que me he encontrado ha sido precisamente el diseño y la creación misma de estas visitas guiadas, es decir, lograr establecer puentes sólidos entre el arte y los temas científicos —como los mencionados antes— que son tremendamente abstractos. Esta búsqueda ha resultado desafiante en muchos momentos porque, como decía, estas visitas son completamente originales y únicas, y no contaban con experiencias previas en las que pudieran apoyarse.

 

Especialmente compleja ha sido la visita dedicada a la física cuántica. Este ámbito científico describe un mundo donde nuestras percepciones cotidianas y nuestra intuición habitual no funcionan a la hora de comprenderlo, lo que complica enormemente el intento de relacionarlo con las obras del museo sin recurrir a las matemáticas. Al principio, establecer conexiones entre los conceptos cuánticos y los cuadros parecía casi imposible, debido a lo alejado y extraño que nos resulta este fascinante campo de la física. Sin embargo, en el momento en que encontré una forma de explicar ciertos conceptos clave con ciertos cuadros, el discurso comenzó a fluir de forma natural, y aquello que parecía tremendamente complejo empezó a volverse sencillo y accesible. Pienso que este proceso yo experimenté durante la preparación, el tránsito de la complejidad a la simplicidad, es exactamente lo que experimentan las personas que asisten a estas visitas guiadas, y eso hace que cada visita sea única.

 

 

Miguel Peiró standing next to paintings at the Thyssen-Bornemisza museum in Madrid, Spain.

 

 

¿Qué es priceless para ti, en relación con este proyecto? 

 

La oportunidad que me ofrece el Museo Thyssen de acercar la ciencia al público general, cada semana, y de esta manera tan especial a través del arte, es absolutamente única e incomparable. Disponer de plena libertad para elegir los temas científicos y seleccionar las obras de arte con el objetivo de diseñar unas visitas guiadas diferentes y originales, realmente no tiene precio. Esta experiencia me ha permitido profundizar en ambas disciplinas con total libertad.

 

Igualmente valiosa ha sido la posibilidad de visitar el museo siempre que lo necesitara, para reflexionar con tranquilidad frente a las obras y descubrir nuevas conexiones, metáforas o puentes entre el arte y la ciencia. Este acceso privilegiado y constante a un espacio cultural tan rico e inspirador ha supuesto una fuente inagotable de ideas y creatividad. Actualmente, estoy ya desarrollando dos nuevas visitas guiadas para el próximo año, una de ellas centrada en la luz y sus fascinantes misterios. Explorar cómo el tratamiento artístico de la luz ha ido evolucionando a lo largo de los siglos, observando detenidamente su transformación y sus matices en cada cuadro, se está revelando como una experiencia absolutamente extraordinaria y enriquecedora.

 

¿Qué no tiene precio sobre el trabajo que realizas como guía de arte y ciencia?

 

Como guía, no hay nada más gratificante que observar semana tras semana la alegría en el rostro de las personas que participan en estas visitas guiadas. No importa si son niños, adolescentes o adultos; todos comienzan con esa expresión inicial de incertidumbre en sus caras ante lo desconocido de una experiencia totalmente nueva y diferente. Sin embargo, al finalizar la visita, esas mismas caras reflejan satisfacción, entusiasmo y verdadero asombro por haber descubierto algo inesperado, por haber descubierto la ciencia de manera diferente.

 

Para alguien dedicado a la comunicación y la divulgación científica, y además profundamente enamorado del arte, contemplar esta transformación es algo que no tiene precio. Cada visita me llena profundamente el corazón, renovando constantemente mi pasión por esta actividad y haciendo que cada semana se convierta en una experiencia irrepetible.

 

Esta transformación de las emociones durante las visitas no solo mantiene viva mi ilusión, sino que también me impulsa a mejorar continuamente, buscando nuevas formas de sorprender y de conectar con los visitantes. Es un recordatorio constante de que estas visitas tienen sentido, que el esfuerzo merece la pena, y que la capacidad de asombrar es uno de los regalos más valiosos que podemos compartir con los demás.